El Sotobosque, mi jardín y el jardinero.

 Las zonas urbanas en México, en su mayoría y tristemente se caracterizan por estar cubiertas de cemento, pareciera que el distanciamiento de los que las habitamos al contacto con el suelo, la vegetación y el agua, nos hiciera más “civilizados”. Durante años nos han vendido este método a manera distintiva de “desarrollo” y en cierto inidentificado momento perdimos la capacidad de preguntarnos… ¿lo es? ¿La jungla de cemento en realidad es el desarrollo?, pues evidentemente no es así, esto se identifica con el mero uso del sentido común cualquiera de los monos desnudos que habitamos el planeta, deberíamos poder interpretarlo; sin embargo, nos hemos vuelto eternamente perezosos y alejados de nuestra triste, decadente y apocalíptica realidad inmediata…


Hoy por la mañana nuevamente mis vecinos removieron la hojarasca del pequeño micro reducto (aún más pequeño) de bosque de encino cerca de mi casa, se han empecinado en montar guardia para vigilar que los jardineros religiosamente retiren la hojarasca del suelo, argumentando que son “basura” para sus jardines. En mi inmensa necedad he intentado explicarles la importancia del soto bosque para los procesos microbianos y como aislamiento natural de mitigación de los procesos de erosión del suelo, les he hablado sobre la forma en la que la recarga hídrica de los mantos que no percibimos (porque están cubiertos por las ciudades) necesitan están infiltraciones y no solo ellos, para nosotros como sobrevivientes en el planeta tierra son fundamentales, pero aun cuando procurar atender mis discursos puede más la mirada amenazante de las vecinas distinguidas por la disponibilidad de tiempo y capacidad de convocatoria a otras de su tipo, que ignorando que se están dando un balazo en el pie, activan su modo vigía y procuran a toda costa quitar la hojarasca de los suelos ya de por sí  muy degradados que tenemos en el fraccionamiento.

De acuerdo con Viyousek et al, 1994 citado por Schlatter et al., 2006, la caída de hojarasca representa el mayor proceso de transferencia de nutrientes de las partes aéreas de la planta hacia el suelo, esta forma un estrato orgánico conocido como mantillo, el cual cubre el suelo y lo protege de los cambios de temperatura y de humedad, y también permite que retornen elementos nutritivos en una calidad importante. Los residuos vegetales depositados (hojas, ramas, flores y frutos) son una fuente valiosa de materia orgánica que después de sufrir procesos de descomposición liberan elementos nutritivos que se incorporan al suelo para ser nuevamente utilizados por las plantas (Laosii et al., 2008). Lo que esto quiere decir es que en las pequeñas áreas verdes que tenemos en las ciudades es importante respetar los procesos naturales y simplemente dejar de quejarnos con la convivencia diaria con la hojarasca, porque no es basura, es una bomba de nutrientes para los muy erosionados suelos, ya que dicho de paso, desde que la combinación de suelo y agua en contacto con nuestras suelas de zapatos se volvió una amenaza para los suelos de porcelana de nuestras casas, evitamos a toda costa su presencia en nuestros jardines o en las llamadas “áreas verdes”, y olvidamos que es gracias a esos pequeños espacios que tenemos la pequeña oportunidad de disminuir la sensación térmica de “los calorones” de primavera y de verano.

Texto redactado por: Billy Arriaga Cardona.

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