El diván de papel

El diván de papel

En Francia, durante el año de 1991, Jean-Yves Revault oficializa la Terapia por la Escritura con el objetivo de utilizar la palabra escrita liberada para consolidar el autoconocimiento. La publicación del libro Ecrire pour se guerir. Les pouvoirs de l'écriture propaga la metodología que da soporte a dicha técnica. Dos años después, el texto se socializa en España con la traducción al español del escritor y especialista en biografías Miguel Giménez Saurina, quien publica el libro Escribir para curarse. Los poderes ocultos de la escritura, que para efectos de la presente investigación fue revisado en su segunda edición correspondiente al año 2000.

La obra mencionada contiene las conclusiones a las que el autor llega luego de su vasta experiencia en el ámbito profesional. Ahonda en conceptos relacionados con la salud mental, aborda el concepto de enfermedad como aquello que antecede a la curación de un ser vivo y define la enfermedad a nivel emocional como el resultado de la ruptura con nosotros mismos (Revault 83). La curación para Revault “define todo proceso que consigue poner en armonía un cuerpo que se caracterizaba por una desarmonía de su condición o de su funcionamiento” (11). Se habla entonces de poner en acción una serie de estrategias que, en su conjunto, desembocan en el equilibrio del ser antes enfermo.

Las posibilidades humanas son tan limitadas —o ilimitadas— como la magnitud de su creatividad. El individuo cuenta con una gran gama de recursos para la resolución de los conflictos, y si no cuenta con las competencias pertinentes cuenta con la capacidad de desarrollarlas. En este abanico de opciones es que elige la táctica adecuada cuando se enfrenta a un escenario de desequilibrio o ruptura consigo mismo y busca formas para alcanzar la sanación. Al llegar a este punto resulta importante considerar la escritura como una alternativa real de mejora, ya que “pone en marcha un proceso curativo porque permite una reconstitución armoniosa más o menos importante del individuo con su ambiente psicoafectivo” (Revault 14). Desde esta perspectiva, el individuo se permite sanar con el recurso propio de la palabra que vertida en el papel adquiere todavía más influencia de la que tiene en la oralidad.

Pensar que los conflictos emocionales pierden vigencia con el paso del tiempo es un mito, y actuar con base en esta afirmación es mostrarse evasivo; y ante la evasión el antídoto de mayor eficacia es la aceptación. En este sentido, Revault apunta que:

Cuando la escritura se refiere a un acontecimiento preciso para liberarse de un suceso excesivamente emocional, de un sufrimiento, de un temor, de una rebeldía ligados a tal acontecimiento, el individuo se acepta tal cual es, con su dolencia del momento. Poco le importa que tal dolencia sea hoy importante por un suceso al que es hipersensible en razón de un traumatismo antiguo no resuelto (causa profunda real). El individuo sufre y necesita por encima de todo ser aliviado de este dolor lo antes posible. Reacción muy natural. (17)

De este modo, echar a andar mecanismos liberadores y promotores de la aceptación nos asegura la llegada a buen puerto para el individuo en conflicto y se reconoce la escritura como impulso para el proceso. 

Jean-Yves reconoce dos métodos para recapitular el pasado doloroso y liberarse de él y son la escritura-testimonio y la escritura-ficción. Por escritura-testimonio debemos entender toda aquella que surge cuando se escribe:

Directamente sobre el pasado dejando correr bajo la pluma los recuerdos y las emociones asociadas a los mismos. Escritura directa, dolorosa, todavía más eficaz si luego es compartida, o sea leída por otra persona. El testimonio permite hasta cierto punto no ser el único en llevar el peso de un pasado demasiado pesado. La confesión —que presupone también la noción de compartir—, implica desdichadamente la culpabilidad, lo que hace muy difícil toda autoliberación. Testimonio y confesión no requieren una gran competencia en escritura, aunque sí una especie de abandono. (20)

Verter en el papel la situación conflictiva impulsa un proceso catártico sanador en sí mismo maximizado por la perspectiva del otro mediante la lectura y, por supuesto, el apoyo del guía que encabeza la actividad. 

La escritura-ficción es el método practicado por quienes ejercen la escritura de manera profesional pero que también puede realizar cualquier persona sin importar su labor. Asimismo, representa la oportunidad de trabajar ciertas problemáticas emocionales estancadas en el individuo. Según Revault, la raíz de su funcionamiento es sencilla ya que:

 Desempeña la carta de la transferencia sobre los personajes y permite escribir cosas profundas sin implicarse directamente. El filtro de personajes-soporte disminuye el sufrimiento de una evocación demasiado directa.

Además, este método tiene otros poderes benéficos unidos a la creatividad reparadora. En efecto, todo sucede como si la realidad inventada en la ficción se inscribiera en nosotros exactamente igual que la realidad vivida, al menos en algunos de sus aspectos. El efecto benéfico no es inmediato, pero sí real. Se deja sentir más o menos rápidamente, en función sin duda de la fuerza y la calidad de lo imaginario puesto en marcha por la escritura. Si reinventamos una escena vivida otorgándole otro final que el triste sufrido, esta realidad nueva se combina con la antigua, superponiéndose a la misma, no en una memoria consciente sino borrando algunos de los aspectos negativos que hasta ahora estaban inscritos en nosotros. (21-22)

Cuando el individuo se encuentra incapacitado de asumir como propias las experiencias dolorosas, la creación de personajes a través de transferencias y proyecciones le permite cierta distancia y, con ello, enfrenta de manera más asertiva el conflicto. A este ejercicio se suma el manejo beneficioso de los contenidos del consciente y del inconsciente, lo que se refleja en autocuración en el presente.

A la aceptación que trae la escritura del conflicto se le agrega la aceptación que conlleva la lectura del texto por otra persona, además del creador. Mostrarse con honestidad ante la otredad a través de la palabra escrita permite una autoaceptación más profunda y la liberación de la carga que significaban tales secretos (Revault 66). Lo que en el pasado estuvo bloqueado se desata y permite que el presente fluya de mejor manera.

El concepto de escritura que el enfoque de Revault maneja no está orientado a la formación de profesionales de la palabra. Sin embargo, aunque la intención no sea generar una producción literaria como tal, para Revault resulta importante que en el último paso el autor se esfuerce por mejorar la forma de los textos porque “el trabajo sobre la forma del escrito (estilo, elección de palabras, imágenes y analogías, búsqueda de frases, concisión…) obliga a ser más preciso consigo mismo” (77). Aquí, el mejoramiento en la técnica de la escritura y la elección de un lector -más allá de aspirar a buenos juicios canónicos- funciona para incrementar la reputación positiva del individuo ante sí mismo, elevar la confianza y favorecer el crecimiento personal.

En conclusión, la escritura creativa es una herramienta que el individuo puede utilizar para curarse de problemas emocionales que, a pesar de estar en el pasado, le generan conflicto en el presente. Jean-Yves Revault trabaja la palabra escrita desde una perspectiva confesional y otra ficcional, ambas con excelentes resultados para el bienestar del sujeto. El autor sostiene que la gestión literaria es curativa porque restablece una mejor comunicación con nosotros mismos (75). El individuo es el núcleo de la sociedad y, en consecuencia, mejores individuos provocan mejores sociedades; es decir, el individuo que puede resolver variedad de conflictos emocionales construye la mejor versión de sí mismo y ello, a su vez, le permite establecer relaciones más sanas, lo que resulta en una colectividad de convivencia más armónica y menos violenta.

Bibliografía

Revault, Jean-Yves. Escribir para curarse. Los poderes ocultos de la escritura. España: Abraxas, 2000. Impreso.

Redactado por: Jocelyn De Martino



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