SERENDICIENCIA

Existe un cuento llamado “Los tres príncipes de Serendip” (Walpole 1754) en el que tres jóvenes, hijos del rey, inician un viaje para aprender sobre el mundo y son acusados injustamente de robar un camello puesto que cierto día el mercader que lo había perdido les preguntó si lo habían visto y dieron una descripción tan detallada que no existía duda de que ellos lo tenían.

Pero es que durante su camino vieron las huellas del camello, pedazos de hierba masticada y muchas otras pistas que los llevaron a concluir que el animal estaba lastimado de una pierna, no tenía un diente, no veía bien, transportaba a una mujer embarazada y además cargaba miel y mantequilla.

Cuando estaban en su juicio, por el robo, el emperador les preguntó ¿cómo saben tantas cosas sobre el camello si nunca lo han visto? y ellos dijeron que usaron su capacidad de observación para deducir estos detalles por accidente. Y ¡no te preocupes! El camello apareció, se demostró su inocencia y ellos vivieron felices y sabios por siempre…

Gracias a este relato se comenzó usar la palabra "serendipismo" que puede entenderse como la suerte para descubrir cosas por casualidad. Estas coincidencias felices son muy frecuentes en la ciencia y te cuento algunos descubrimientos productos del azar que ahora son importantísimos en nuestra vida:

Percy Spencer descubrió las microondas sin querer, cuando una barra de chocolate se derritió en su bolsillo a consecuencia de haber trabajado con un magnetrón.

Los rayos-x también fueron descubiertos por accidente, cuando Röntgen experimentaba con tubos de rayos catódicos y observó cómo una lámina de cartón impregnada en cianuro mostraba fluorescencia. Él colocaba diversos objetos enfrente y un día, por azar, al mirar la pared, vio los huesos de su propia mano proyectados.

William Herschel estudiaba la luz solar dispersada por un prisma. Colocó termómetros en cada color y otros dos de control fuera del arcoíris. Un termómetro que resultó estar en un extremo, cerca de la parte roja registró una temperatura alta y así descubrió, por casualidad, una forma de luz que no era visible: la radiación infrarroja.

Becquerel realizaba experimentos sobre la fosforescencia y terminó descubriendo la radioactividad; colocaba sales de Uranio sobre una placa fotográfica, al llegar la noche no podía seguir con sus investigaciones porque para ellas requería la luz del Sol, así que se iba a casa y dejaba el experimento para el próximo día, pero en una ocasión olvidó sus cosas y regresó a su laboratorio a buscarlas a oscuras y notó que las sales emitían radiación.

Las contracciones accidentales de las patas de las ranas de Galvani condujeron a la creación de la pila eléctrica; Malus quedó sorprendido por su observación casual de la polarización de la luz por reflexión; Oersted, por casualidad acercó un alambre con corriente a una aguja de brújula y el resultado fue la unión de la electricidad y el magnetismo. (Juárez, 2020)

Seguramente ellos no fueron los primeros en tener enfrente estos fenómenos pero sí que fueronlos únicos en interesasre por buscar las causas de aquello que observaban.

¡Los científicos son los verdaderos príncipes de Serendip! 

Karl Popper pensaba que los descubrimientos científicos solo pueden ser producto de estar en el lugar y en el momento adecuados, como cuando a Newton, bajo el árbol, le cayó la mítica manzana sobre su cabeza. En cambio, Pasteur decía: "En el campo de la observación el azar sólo favorece a las mentes preparadas" pues los descubrimientos científicos exigen un largo proceso de pensamiento, experimentación y desarrollo metodológico para consolidarse exitosamente.

Si bien es cierto que hay cosas que se muestran ante nuestros ojos por suerte, la reflexión profunda, la intuición y el razonamiento, son los ingredientes principales para percibir el orden subyacente de las cosas. Pero hay que estar con los ojos, la mente y el corazón bien abiertos, no vaya a ser que un hallazgo científico esté esperando a ser descubierto por ti.

Bibliografía

Walpole, H., 1754. Los tres príncipes de Sarandib

Popper, K., 1934. La lógica del descubrimiento científico

Juárez, E. 2020. El serendipismo y el gran rayo N

http://www.santafe-conicet.gov.ar/servicios/comunica/azar.htm

https://raed.academy/descubrimientos-accidentales-ciencia/

https://www.yorokobu.es/serendipia-ciencia/

Redactado por: Ivonne Alejandra Toledo Nieto

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